Cierre cada operación sin fricción ni TI

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Créditos que se caen a mitad de camino, ajustes que esperan semanas de TI, y operaciones que nadie termina de ver: tres cuellos de botella de la banca digital.

Facundo necesita un crédito para arreglar el auto y lo pidió por la aplicación del banco, que se lo ofreció preaprobado apenas abrió la pantalla principal. Completa el monto, elige las cuotas, todo va bien hasta que aparece un cartel: “para continuar, comuníquese con su sucursal”. Llama. Lo atiende alguien que no ve la solicitud que ya había empezado, así que la explica de nuevo. Esa persona le dice que el sistema para ese tipo de crédito está en otro equipo, y que lo van a derivar. Facundo corta, y con él corta también, en los hechos, la operación: nadie del otro lado sabe en qué quedó, y él tampoco piensa volver a intentarlo esa semana.

Nadie decidió que fuera así. El crédito preaprobado, el alta de un cliente nuevo, la negociación de una deuda: son procesos que casi cualquier banco diseñó como una sucesión de pantallas separadas, cada una a cargo de un equipo distinto, con la expectativa de que el cliente sostenga el hilo de una punta a la otra. El cliente no tiene por qué sostener nada. Alcanza con que se corte una vez para que la operación entera se pierda, con el cliente y con el crédito.

Recorridos que empiezan y no terminan

El problema no es un canal en particular, es la costura entre canales. Un crédito preaprobado empieza en la aplicación, sigue en un centro de atención telefónica, a veces termina en una sucursal física, y en cada costura hay una oportunidad de que el proceso se caiga: un dato que no viaja de un sistema a otro, una persona que no tiene el contexto de lo que ya se conversó, una espera que hace que el cliente abandone. Lo mismo pasa con el alta de un cliente nuevo y con la cobranza de una deuda atrasada: son recorridos largos, con muchos pasos, y el banco tradicional los sostiene con la buena voluntad de que nadie se canse en el camino.

Cada ajuste, una solicitud a TI

Y cuando algo de ese recorrido hay que cambiarlo -una pregunta que confunde, un paso que sobra, una nueva línea de producto que agregar- el negocio no lo puede tocar. Tiene que pedírselo a TI (Tecnología de la Información), entrar en una cola de solicitudes, esperar el ciclo de trabajo que corresponda. Un ajuste que en papel es menor -cambiar una frase, sumar una validación- puede tardar semanas en llegar a producción, porque compite con todo lo demás que TI tiene para priorizar. Mientras tanto, el problema que un cliente como Facundo encontró esta semana lo va a encontrar el que llame la semana que viene.

Lo que no se mide, no se controla

Y encima, casi nadie en el banco puede ver, mientras pasa, dónde se está cayendo cada conversación. Se sabe que un crédito se perdió cuando el cliente ya se fue, no en el momento en que se estaba yendo. No hay un semáforo que avise que una conversación se está complicando, ni una forma simple de que alguien intervenga a tiempo. El diagnóstico llega siempre después, con el cliente afuera.

Con Singular, la llamada de Facundo nunca existe, porque no hace falta transferirlo a nadie. Los recorridos de crédito preaprobado, alta de cliente y cobranza vienen resueltos de punta a punta dentro de la misma conversación: la plataforma sostiene el contexto de principio a fin, así que no hay costura entre sistemas donde la conversación se pueda perder. Si el banco necesita ajustar una pregunta o sumar un paso nuevo, lo hace en Studio, sin escribir una línea de código y sin esperar el próximo ciclo de trabajo de TI: el negocio edita sus propios agentes al ritmo que el negocio necesita. Y mientras la conversación sucede, Comandante la está monitoreando en vivo, con un semáforo de salud que muestra qué recorridos están funcionando bien y cuáles se están complicando, para que alguien pueda intervenir manualmente antes de que el cliente cuelgue, no después.

La diferencia no es que Singular tenga más funciones: es que el crédito de Facundo se resuelve en una sola conversación, sin que nadie del banco tenga que sostener el hilo por él, y sin que un cambio de una frase dependa de una cola de TI. Eso es lo que separa un recorrido que se completa de uno que se pierde a mitad de camino.

En el próximo artículo de la serie: por qué un agente que inventa una cifra es, en banca regulada, mucho más que un error de sistema -y cómo Singular lo evita desde el diseño.

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