Voces de N5: ponerle el apellido a lo que hacemos

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Hay dos formas de hacer una camiseta. Una es producirla en masa, sin nombre, lo más barata posible, sabiendo que a veces saldrá con tres mangas porque la máquina lo decidió así. La otra es coserla a mano y ponerle tu apellido. Julián Colombo lo dijo claro en el primer encuentro de Voces de N5: «Nosotros estamos en la industria de ponerle el apellido a la cosa.»

Esa frase, casi en passing, terminó siendo el hilo conductor de una conversación que reunió a colaboradores de distintas geografías y posiciones para responder, sin libreto, tres preguntas simples: por qué eligieron N5, qué los desafió y cuál es su compromiso hacia adelante.

Una elección que se renueva todos los días

Yanina Bustos abrió el espacio con una idea poderosa: trabajar en una empresa es como elegir pareja o universidad. Hay una valoración mutua que no se firma una vez, se renueva. Por eso Voces de N5 nace como un lugar para dar visibilidad a las personas que son role models dentro de la compañía, más allá de tener una posición formal de liderazgo o ser socios. En una empresa con la dispersión geográfica de N5, escucharnos no es opcional: es la única forma de seguir construyendo cerca.

Alexis: convicción y alcance

Alexis llegó a N5 buscando «las grandes ligas» de la tecnología. Venía de una empresa donde lo tecnológico era transversal, pero no el foco. «Sé que trabajamos con las mejores herramientas del mercado y tenemos la facilidad de adoptarlas de forma rápida», contó. Eso lo trajo. Pero lo que lo retiene es otra cosa: la convicción compartida.

«En las reuniones, con solo vernos las caras, ya sabemos que algo hay que hacer. Tenemos la confianza atroz de que todos están a la altura y con el mismo compromiso.»

Su mensaje sobre el compromiso fue tan claro como su perfil técnico: llevar las iniciativas de la empresa con calidad y criterio hasta el final. En un negocio tan exigente como el tecnológico, la diferencia está en lo que cada uno aporta desde sus mejores prácticas.

Daniela: aprender rápido vale más que saberlo todo

Daniela entró nueva al equipo y se topó con la pregunta que todos nos hacemos al llegar a un proyecto en marcha: ¿cómo me sumo sin frenar al resto? Su respuesta fue desarmar el mito del «experto desde el día uno»:

«El diferencial no es llegar sabiendo todo. Es poder adaptarme, aprender rápido, querer aprenderlo.»

Daniela preguntó todo lo que no sabía, se relacionó con el equipo del cliente y con las áreas internas, y se enfocó en entender la necesidad real antes de proponer una solución. Y mencionó lo que para ella es el verdadero diferencial de N5: «Siempre siento que las personas están súper dispuestas a ayudar.» El trabajo en equipo, dicho sin grandilocuencia.

Yanina recogió la idea y la amplificó con un concepto propio: la del «cartero de mails». La persona que después de mandar un correo se levanta, va al escritorio del otro y se asegura de que lo haya recibido. Es la antítesis del «yo ya hice mi parte». Es ownership real.

Federico: el desafío constante (y el equipo detrás)

Federico habló desde la trinchera de la implementación. «Estamos codo a codo con el cliente», dijo, y reconoció que ese rol genera momentos de duda muy personales: «¿realmente puedo con esto o no puedo?» Lo que cambió esa pregunta con el tiempo no fue dejar de tener incertidumbres — esas siguen apareciendo — sino algo más simple:

«Cuando te das vuelta y tenés un equipo completo, es mucho más fácil sobrellevarlo.»

El indicador real: el aplauso espontáneo

Si hay algo que distingue al producto que sale firmado de N5 es la reacción del cliente cuando lo recibe. Julián contó dos escenas. La primera, una presentación reciente del módulo de Persona Jurídica en Itaú, donde hubo cinco momentos de aplauso espontáneo. La segunda, una presentación en Santander, frente a 2.500 personas, donde el aplauso fue colectivo y de pie. Como dijo un cliente: «la primera vez que entregamos un producto, debería pellizcarme para saber que estoy despierto, porque esto es un sueño para cualquier otro mundo entero.»

Lo que viene

El futuro, advirtió Julián, va a exigir tres cosas: vivir con la incertidumbre, tener humildad intelectual y aprender a una velocidad que no estábamos acostumbrados. Pero por encima de todo eso, una cosa innegociable: ser propietarios de lo que hacemos. Ponerle el apellido al producto, al proceso, a la conversación con el cliente, al detalle que casi nadie nota.

«Nosotros necesitamos encarar rápidamente los problemas para vivir más experiencias divertidas. Enfoquémonos en momentos increíbles, no en resolver quilombos.»

La invitación quedó hecha: que en N5 tengamos muchos más de 100 momentos así. Porque si algo va a ser la verdadera ventaja competitiva de N5 hacia adelante, somos nosotros — con lo que hacemos y con la huella que dejamos.

Esto recién empieza.

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