Trabajando productivamente: Ley de Parkinson

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Y yo que hace unos años pensaba que era algo que me pasaba sólo a mí… cuando mi madre me decía aquello de «es que lo dejas todo para última hora».
Más vale que luego vi que no era el único y que era un mal terriblemente extendido – claro que «mal de muchos, consuelo de tontos» dicen con razón. Resulta que con el paso de los años y cuando uno se ha interesado por estos temas de productividad personal te enteras qué es una de las leyes fundamentales de la productividad personal. La ley de Parkinson dice que «el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine». Es decir… que da igual cuál sea el plazo que tengas para terminar un trabajo o un proyecto… en el último momento estarás con la lengua fuera.

Esta ley tiene dos vertientes. Una personal, esa en la que tu madre (bueno, la mía al menos) te llamaba la atención cuando tenías que entregar un trabajo o tenías un examen al día siguiente y lo habíamos dejado para el último momento, para el último suspiro. Una profesional, y es que en muchos casos el trabajo que hacemos no tiene fin. Siempre hay algo más que hacer, algo más que añadir, algo que modificar… Pero analicemos un poco más cada una de estas problemáticas.
Ya va siendo hora de dar «al Cesar lo que es del Cesar». Tienes razón mamá, era culpa mía. Lo dejo todo para el último momento y entonces vienen las prisas. Cierto que luego hemos sacado esa frase que nos quita responsabilidad… eso de… «trabajo mejor cuando estoy bajo presión». Que lo que viene a decir es que al final, si hay que hacerlo lo hacemos. Y no sólo eso, sino que nos ponemos chulos y somos capaces de decir que si lo hubiéramos hecho antes, lo hubiéramos hecho peor. Pero hay muchas cosas que analizar en esa procrastinación crónica que tenemos con ciertos temas. Además, y por muy chulos que nos pongamos con eso del trabajo bajo presión… reconozcamos que se nos pone una mala baba en esos momentos… que como para qué nos tosan.

Os voy a confesar una cosa, hace ya un par de semanas que hablé con Julián para trabajar estos contenidos, que acordamos una curación y que yo me propuse una reedición como la que estáis leyendo. Algo que yo ya estaba pensando hacer hace mucho tiempo. Algo que mientras lo hago me hace entrar en un estado mágico, un estado de flow (que ya lo leeremos en algún momento) y que realmente me está molando… pues ya voy tarde y con esa sensación de que Parkinson me está mirando mientras tecleo.

La segunda variante está relacionada con el tipo de trabajo que hacemos hoy en día, que seguramente es aplicable en muchos casos, pero que no exime de la responsabilidad anterior. Muchos de nuestros trabajos y de nuestros proyectos se terminan porque llega la fecha de entrega, porque si no siempre haría algo que mejorar, algo que pulir, algo que puntualizar, algo que rediseñar… Por lo que la única forma de terminar un trabajo es dándolo por acabado. Pongamos el ejemplo de las presentaciones de Steve Jobs, trabajadas hasta la extenuación…. seguro que si hubiera tenido un día más para ensayar y cambiar esa lámina de powerpoint… (perdón de keynote)… Posiblemente tengamos que hacer nuestra esa máxima productiva que dice “hecho es mejor que perfecto” para evitar estos comportamientos y saber dar por acabado un trabajo en un momento.
Estas dos vertientes, la procrastinadora y la perfeccionista, se pueden combinar en un sólo proyecto que además pueden producirse por factores internos y externos (no olvidemos que estamos en la sociedad de la colaboración y del trabajo en equipo). Es decir, las cosas se retrasan no sólo por nuestra inacción sino también por la del compañero; y el curro no se acaba porque nuestro cliente / usuario / jefe considera que no está acabado. Qué si cambia esto de aquí, quita esto de allí, dale otro enfoque, repiensa esto… y estados de nervios próximos a la locura. Me parece que todo esto nos suena ¿no?

Yo no digo que esto sea imposible de evitar, pero reconozco que no he conseguido controlarlo y que tengo que mejorar en este punto. Supongo que lo mejor que he encontrado es jugar con fechas límite adelantadas.Es decir, si el verdadero momento de la verdad es el jueves, ponerme como fecha máxima el lunes. Pero ojo, cuando tú eres quien controlas estas fechas límite… te vas a hacer trampas. Y los que saben de productividad dicen que no son válidas estas estrategias porque tu cabecita ya sabe que esa no es la fecha real.
Cuando yo escribía estas líneas tenía un jefe suizo y su forma de trabajar era la que nos evitaba este problema de llegar tarde. él era quien imponía la fecha de entrega y normalmente la ponía tres días antes o cuatro, o dos de la fecha clave. Podía suceder que yo ni siquiera supiera la verdadera fecha clave, pero él, el jefe, imponía la fecha límite y los tres últimos días estábamos con esos retoques de… alinea las figuras, quita un decimal, esas mayúsculas… y el nivel de estrés se reducía considerablemente. Hoy reedito estas líneas cuando estoy trabajando en el Departamento de Parkinson directamente. Es complicado revisar las mayúsculas cuando dos minutos de entregar la una presentación estás modificando los datos más relevantes de la misma. Han pasado casi cinco años y sigo cayendo en los mismos problemas…

Y os voy a poner otro ejemplo extremo que tenía muy presente por motivos familiares en los días en los que escribía originalmente el artículo. Imaginaos que un día os dicen que para hacer un trabajo, una investigación os dan 3 años… pero cuando han pasado dos ya ves que el ritmo de avance… no era el correcto. Pero puedes pedir una ampliación del plazo. Y tienes un año más para entregarlo. En total… 4 años para entregarlo. ¿Cómo estás las dos últimas semanas de trabajo? Pues hasta arriba y pensando que no te va a dar tiempo e intentando recordar en que coño has perdido el tiempo estos últimos 1500 días. Una vez lo entregas respiras. Ya sólo queda defenderlo y para eso tienes como unos 3 meses para hacer un powerpoint de apoyo. Vamos, que no te va a pasar lo mismo. Pero el último click lo acabas unas horas antes de la presentación. Eso sí, una vez más, tu capacidad de trabajo bajo presión en el último minuto er brutal y solo quedaba una cosa por decir… ¡¡¡Felicidades doctora!!!

Este artículo fue publicado por primera vez en “Trabajando que es gerundio” el 31 de mayo de 2015 y ha sido reeditado para n5now el 27 de febrero de 2021.

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