Cómo el desorden digital impacta la eficiencia, la innovación y los costos en bancos y empresas, y qué hacer para revertirlo
La entropía tecnológica es ese desgaste silencioso que se cuela en los sistemas digitales y que, poco a poco, convierte lo que era ágil y eficiente en algo lento, fragmentado y costoso. No se trata de un fallo puntual, sino de un desgaste gradual: las plataformas se vuelven complejas, las integraciones se multiplican, los procesos se bifurcan y los cambios se vuelven cada vez más difíciles. Como una casa que durante años no se limpia, donde se acumulan cosas, los cables quedan cruzados y los sótanos se olvidan: la tecnología bancaria puede caer en ese mismo estado.
¿Cómo se manifiesta la entropía tecnológica en sistemas digitales?
Cuando los sistemas empiezan a mostrar entropía tecnológica, los efectos se sienten de varias maneras. Primero, la capacidad de lanzar nuevas funciones se ralentiza: cada modificación exige lidiar con lo que ya existe, con “parches” anteriores que nadie entendió del todo, con módulos que ya no hablan entre sí. Segundo, los costos operativos crecen: mantener lo antiguo, adaptarse a lo nuevo y coordinar lo que está en el medio consume mucho más tiempo y dinero. Tercero, la experiencia del usuario queda comprometida: la lentitud, la desconexión entre canales o la falta de coherencia entre lo que espera y lo que recibe, se convierten en la norma. Y por último —y quizás lo más importante— el riesgo aumenta: cuando los sistemas son heterogéneos y poco gobernados, surgen vulnerabilidades, fallas o fugas de información.
¿Por qué la entropía tecnológica importa para bancos y empresas?
La entropía tecnológica puede ser una “fuga silenciosa” de eficiencia, innovación y ventaja competitiva. Cuando los sistemas están cargados de desorden: es más difícil lanzar nuevas funciones o adaptarse a cambios del mercado. Los costos operativos suben porque mantener lo viejo cuesta y lo nuevo se retrasa. La experiencia del usuario se resiente: fallos, lentitud, falta de integración. En resumen: lo que parecía un activo (la tecnología) se puede volver un lastre si no se gestiona.
¿Cómo combatir la entropía tecnológica?
Aunque la entropía tecnológica es una tendencia natural (los sistemas tienden al desorden si no se interviene), hay estrategias que ayudan a reducirla:
- Revisar periódicamente la arquitectura tecnológica: identificar qué partes del sistema ya están obsoletas, inutilizadas o difíciles de mantener, y decidir qué reemplazar o simplificar.
- Establecer estándares y gobernanza clara: definir reglas de cómo se integran sistemas nuevos con los antiguos, cómo se documentan los cambios y quién es responsable.
- Modularidad y plataformas limpias: construir sistemas como bloques que se puedan cambiar o actualizar sin desarmar todo. Igual que cambiar una pieza de Lego, no el castillo entero.
- Fomentar una cultura de mantenimiento: eliminar código obsoleto, archivar procesos redundantes, ordenar lo que se bifurcó sin control.
- Gestión del cambio y monitoreo continuo: las innovaciones requieren validación, pruebas, seguimiento. Y el sistema debe estar preparado para evolucionar sin romperse.
La entropía tecnológica como activo en grandes bancos
Según las últimas tendencias del mercado, explicitadas recientemente por el CEO de N5 Now en Clab25, “la entropía tecnológica puede convertirse paradigmáticamente en un activo para las instituciones financieras consolidadas. Esa acumulación de sistemas, procesos y tecnología heredada crea barreras de entrada que nuevos competidores deben superar. Gestionarla —ordenarla, integrarla, sanearla— no solo reduce costos, sino que convierte ese “desorden” en una ventaja estratégica. No se trata solo de “poner tecnología nueva”, sino de reinterpretar lo que ya tienes, de consolidar lo que está fragmentado, de capitalizar lo que otros ven como caos.”
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