Julián Colombo, fundador y CEO de N5, fue el invitado de esta semana en Poker de Damas (Radio La Plata), y contó —con el humor y la crudeza habitual de la radio— la historia real detrás de una de las frases que más se repite sobre él: que empezó con 100 dólares y hoy lidera una compañía valuada en 100 millones. La entrevista completa está buenísima, pero acá va el resumen para quienes prefieren leerlo.
El mito de los 100 dólares
Arrancó aclarando algo: la frase «100 dólares a 100 millones» es más un recurso periodístico que un relato exacto. Lo que sí es real es que, al abrir la cuenta bancaria de la compañía en Estados Unidos, depositó apenas 100 dólares —todo el efectivo que tenía encima, porque después de toda una carrera bancaria ya ni manejaba billetes—. Ese detalle, más anecdótico que estratégico, terminó dándole nombre a la leyenda fundacional de N5.
Antes de eso hubo 20 años de carrera corporativa: sucursales, comités de dirección, catorce países distintos, desde una sucursal del Banco Río a cinco cuadras del estudio de radio hasta el corporativo de Banco Santander en Madrid. Ahí conoció, entre otras cosas, a Ana Botín, y desarrolló algo que terminaría siendo clave para N5: haber visto por dentro cómo funciona (y cómo falla) la banca en más de una docena de mercados distintos.
La decisión no la tomó una hoja de cálculo
Lo más interesante de la charla no fue el dato financiero, sino el motivo real de la renuncia. Colombo pasó tres años viajando todos los domingos de San Pablo a Madrid y volviendo los jueves, para no desarraigar a su familia de Brasil mientras cumplía con su carrera en España. Fue su hijo mayor quien, sin saberlo, terminó de convencerlo: un compañerito de colegio tenía la suerte de que su papá trabajara en un banco en Brasil, así que lo podía ir a buscar todos los días. El comentario infantil le mostró algo obvio que había dejado de ver: existían bancos también en Brasil. Ese día decidió irse, aunque tardó un año más en animarse.
Cuando les contó el plan a su padre y a su esposa, ambos reaccionaron igual: con la cara de alguien que, habiendo resuelto ya todos los problemas materiales, ahora se quería complicar la vida por una medalla de «emprendedor». La frase de su padre, sin embargo, fue la que terminó de inclinar la balanza: el mismo impulso que lo llevó a construir esa carrera exitosa era el que ahora lo empujaba a dejarla.
Ocho horas de conversación y un cheque de 5 millones
La parte más cinematográfica de la entrevista es la de los primeros días de N5. Renunció un jueves en Madrid, viajó a Estados Unidos a abrir la compañía (de ahí los 100 dólares), y el fin de semana siguiente voló a Panamá para una reunión con el dueño de un banco al que no conocía. Ocho horas de conversación después, salió con un cheque de 5 millones de dólares para desarrollar un software que, en ese momento, ni siquiera existía. Su argumento no fue financiero: le explicó que algún día iba a tener entre sus inversores a los bancos más grandes del mundo, pero que jamás iba a volver a tener un primer cliente al que agradecerle en cada entrevista. Esa promesa, dijo, la sigue cumpliendo.
Por qué «tu banco es malo» (y no es culpa del banquero)
Ya con el negocio en marcha —hoy N5 trabaja con más de 70 bancos y fintechs en 18 países, con el 97% de su facturación fuera de Argentina—, Colombo explicó en términos simples el problema que resuelve la compañía: la entropía tecnológica. La mayoría de los bancos son «aluvionales»: se fueron formando a partir de fusiones y adquisiciones sucesivas, acumulando decenas de sistemas distintos que nunca terminan de integrarse del todo. Mientras una fintech puede diseñar su producto desde una hoja en blanco, un banco tradicional tiene que, como él lo definió, cambiarle las alas al avión en pleno vuelo.
Fue especialmente contundente con la lógica económica detrás de la atención al cliente: si atender a una persona por un canal humano cuesta unos 7 dólares y esa misma persona genera un margen mensual de apenas unos pocos dólares, la ecuación no cierra. No es que los bancos no quieran poner más personas atendiendo — es, literalmente, la economía la que no da. Ahí es donde entra la propuesta de N5: tecnología que permite ofrecer una atención «humana» —paciente, profunda, inteligente— sin que dependa exclusivamente de personas del otro lado. Él lo resume como la democratización de la empatía.
Estados Unidos, Argentina y la pregunta que no falta
Sobre por qué fundó la empresa en Estados Unidos y no en Argentina, fue directo: una empresa con reglas estadounidenses vale, para un inversor, varias veces más que la misma empresa constituida en un país con menor estabilidad jurídica. No es un juicio de valor sobre Argentina, sino una descripción de cómo piensa el capital. Aun así, aclaró que Argentina fue la tercera filial que abrió la compañía, que nunca giró utilidades afuera y que, después de 25 años viviendo fuera del país, la familia está considerando volver por un tiempo.
Una anécdota argentina, fuera del negocio
Entre risas, Colombo también contó una escena muy personal: la jura de la bandera argentina de su hija menor, nacida en Brasil, en un breve trámite consular que terminó siendo mucho más emotivo de lo esperado. Un buen recordatorio de que, del otro lado de las rondas de inversión y los comités bancarios, sigue habiendo una familia armando su identidad entre cinco países.
Podés escuchar la entrevista completa en Poker de Damas (Radio La Plata). Julián Colombo es fundador y CEO de N5.

